Rápido, devoro las horas sin necesidad de que el tiempo realmente no alcance. Estoy comenzando a darme cuenta que esto se ha transformado en una forma de vivir.
Las cosas me van pasando, una tras otra como una sucesión de hechos en los cuales yo no decido otra cosa que atravesarlos.
¿Qué estoy eligiendo cuando no lo hago? ¿Para que devoro cualquier quietud posible?
La adrenalina me provoca, me seduce, y me excita. No podría vivir sin esa cuota que me propino a diario dejando millones de pendientes, haciendo más de cinco planes incumplibles a la vez. Llegando tarde con el cuerpo, yéndome rápido con la mente. Viviendo al límite de no vivir.
La pantalla de mi vida es abrumadora, hay tanto por hacer y son tan estridentes los colores que no queda espacio para nada más que la acción.
Las cosas no están en su lugar ni procuro que lo hagan, me ayuda a no ver. La lista de pendientes alimenta mi adormecimiento, me permite no abandonar el papel principal de esta obra sin final predecible.
Pero detrás de bambalinas de este escenario frenético, la verdadera, la que todavía no me animo a ver, sigue esperando.
La rapidez, el olvido, la no elección y tantas otras, son todas hojas del mismo libreto que tan empeñosa mente escribí hace años, cuando no era consciente todavía de lo que me dolía la vida.
Hoy creo que puedo cambiar el libreto. Aunque otros no lo esperen, aunque sólo a mi me agrade.
No hay comentarios:
Publicar un comentario