Como diminutos granos de arena que se cuelan entre mis dedos por más presión que pretenda, te me vas yendo sin quererlo.
Para que no suceda yo debería ser otra y vos cambiar tu composición, ecuación imposible en realidad.
Sólo queda aceptar que mis manos son imperfectas y dejan escurrir aún las cosas que quiero, y que la arena es inmensa y diminuta a la vez.
Algo que podría maravillarnos, nos entristece, y ese matiz no merece la pena.
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