sábado, 31 de mayo de 2014

Suicidio

Sólo nosotros sabemos.
Cuanto dolor viejo... cuanto. Un dolor añejo, un dolor conocido, por mi, por vos y por todos los que compartimos tu vida.
Intente tanto, arrancarte las cicatrices de ese dolor infantil que te traslucía niño con la mirada perdida al otro lado de la mesa.
Parece que fue muy poco.
Es difícil estar del otro lado y no saber cuales son las piezas correctas para armar eso necesario para hacerte feliz. Hoy concluyo que eso no era posible.

Cuanto dolor viejo... No se dónde colocar este borbotón de amor, odio, recuerdos y necesidad de olvido.

Me rindo

Cuando en el suave andar invernal te miro y me atraviesan este millón de sensaciones es que decido rendirme.
Para qué seguir luchando pequeñas discusiones de soberanía que no me llevan a ningún lugar más que a la idea de perderte?
Me dejo vencer por la armonía, la complicidad, la confianza... el amor.
Mientras sigo pedaleando con el viento frío en la piel y tu cuerpo tan sólo a unos metros, me conmuevo vulnerable sabiendo que acabo de aceptar que te deseo, te elijo y acepto que esto que sucede entre nosotros es todo lo que quiero.