Sólo nosotros sabemos.
Cuanto dolor viejo... cuanto. Un dolor añejo, un dolor conocido, por mi, por vos y por todos los que compartimos tu vida.
Intente tanto, arrancarte las cicatrices de ese dolor infantil que te traslucía niño con la mirada perdida al otro lado de la mesa.
Parece que fue muy poco.
Es difícil estar del otro lado y no saber cuales son las piezas correctas para armar eso necesario para hacerte feliz. Hoy concluyo que eso no era posible.
Cuanto dolor viejo... No se dónde colocar este borbotón de amor, odio, recuerdos y necesidad de olvido.