Un año después necesito cerrarte.
No quiero irme sin decirte que me doliste en el alma. Que todo lo que trajiste, bueno y malo, esperado o inesperado, se metió dentro de mi como una corriente imparable que saco, removió y dejo un estado distinto de consciencia.
Saque de dentro todo lo olvidado adrede, lo ocultado con esmero, los cariños cómodos, y las excusas para no ver.
Abandoné mis apoyos de costumbre, me quedé vacía, inestable, insegura… y así decidí brindarme, y aceptarme.
Llego cansada… me arden los ojos y la piel de tanto darme cuenta.
Me voy perdida, se me borró el camino de migas de pan que venía siguiendo, y ahora me encuentro forjando uno nuevo que por primera vez no se dónde me lleva, y también por primera vez no me importa.
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