Como cambia la mirada con el paso del tiempo.
Quiero contarte que hoy a mis 37 años te veo más nítido, atravesada con mi propia historia de hija puedo mirar la tuya con mayor comprensión.
Decirte que ser tu hija fue fácil, sería mentirte. Necesité acostumbrarme a los silencios. Necesité pelearme con mis expectativas e irme muy lejos para poder volver hasta el lugar dónde nos encontramos hoy.
No confesarte que esta vuelta me rompió el corazón sería esconder la razón por la cual hoy puedo amarte como te amo.
Me hice robusta en la fricción con tu paternidad. Mi tránsito se volvió algo melancólico en el deseo de un abrazo que nunca llegó, y hoy adulta me encuentra sin saber como recibirlo.
Cuando tu mirada se posa en mis ojos aún evasivos, hay algo conmovedor que me instala en esta nueva posibilidad sanadora para ambos.
Aún no se como estar y ser en este nuevo vínculo que tanto deseo. Aún no se como contarte esto que cuento en estas cortas líneas que no llegarás a leer… por lo menos no por ahora.
Sólo se que deseo que esto sea posible, que puedas ser ese hombre sintiente que mereces antes de que llegue el ocaso de tu vida. Aceptando que tal vez eso no suceda nunca.
Te quiero.