Hace ya algún tiempo que viene pasando algo en mi vida que me está costando encontrar palabras para expresar. Algo nuevo, sano, renovado para lo que vengo hace mucho tiempo trabajando.
Esta mañana, una mañana fría de invierno bien patagónica cargue en mi mochila el nuevo libro de Inés de los Santos sobre Coctelería (Aprovecho cuando tengo cosas fuera de la ofi, como bancos, escribanía y demás quehaceres que demandan intervalos de tiempo, para leer algo que me guste y sirva para amenizar).
Últimamente he llegado a la conclusión que nada en la vida pasa por casualidad, y no por casualidad esta mañana yo elegí este libro.
Lo abrí y vi el prólogo, y en la foto reconozco a Tato Giovanonni, un bartender que tuve el placer de conocer, degustar y disfrutar hace poco tiempo, lo que me llevó a leerlo y recibir este regalo:
…”Como la historia argentina en general, la de la coctelería también tiene sus grandes figuras. Y en la mayoría de los personajes existe un común denominador: primero, han hecho lo que les gusta; segundo y más importante, lo hicieron con pasión. Cuando uno hace lo que le gusta con entrega, poco es lo que puede oponerse al poder de esta determinación. Es una fuerza tan fuerte que nada ni nadie puede cambiar su rumbo”…
Debo admitir que mientras lo leía se me caían las lágrimas. Porque ahí parada en la cola del banco, en un libro de coctelería encontré las palabras que hace tanto tiempo vengo buscando.
Este cambio se trata de haber elegido ser el gran personaje de mi historia, me conecté con mi pasión, con lo que quiero, me elegí, y elegí mi vida de hoy. Amo cada una de las cosas que hago, con sus aciertos y desaciertos. Y es cierto… esa fuerza es tan fuerte que no hay nada ni nadie que pueda parar ese rumbo.
Gracias!
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