martes, 23 de julio de 2013

Regalo de otoño

Mi Buenos Aires se lleno de nuestras fotos.
En cada lugar un recuerdo y en cada recuerdo una nueva sensación.
Mi bucólica soledad ha perdido sus cómodos recovecos dónde aletargarme era un lugar seguro.
Sentada frente al mismo café que hace un par de días nos encontraba, es inevitable esta melancolía y el deseo de que al menos esto que escribo me acerque un poco más a vos.
¿Qué es lo que se siente como un desgarro por dentro?. Imagino que de esto se tratan las despedidas cuando pasa algo más que algo entre dos personas.
Me voy con ganas de todo y sabiendo que esta distancia que hay entre nosotros se me hace insostenible. Quiero compartir mi vida con vos, aunque sea pronto decirlo, aunque sea tarde para esta primera vez. Querer, desear, amar, imaginar, todos términos que inauguro en nuestro contacto.
¿Cómo vos nunca?. Y así fue, me arrancaron verde, si evoco este apodo de pimpollo que vos me regalaste. No llegué a abrir lo necesario para transitar sintiente. Hice muchas cosas para estos 37 años, pero me perdí las sensaciones. Creo que a todos nos llegan las cosas cuando estamos preparados para recibirlas, y hoy por primera vez siento estarlo.
Siempre yéndome prematura, algo de esto has visto, hoy me encuentro remando en este charquito de lágrimas de nostalgia y de deseo de permanecer aferrada a lo que somos, por primera vez no pienso en extirparme la sensación, y sigo eligiendo quedarme.
Este tiempo juntos tan real, desde lo cotidiano a lo diferente, desde lo divertido a lo no tanto, desde la rutina a la excepción y desde cada cosa que se te ocurra a la tan otra que sea su mismo extremo, mis sentimientos no paran de crecer y hacerse más rotundos.
Me fui aflojando a cada tramo y me salió de dentro esa que no comparto con casi nadie. He sido tan yo en este encuentro que creo que hay algo de eso en estas lágrimas que no paran de brotar. Me da pena volver a guardarme hasta el próximo encuentro. Me es inevitable pensar en lo que pasaría si fueran así todos mis días. Tan suaves, tan dulces, tan alegres, tan tan tan.
Se que por ahora toca abrir y cerrar, se que es poco el tiempo que hace que nos conocemos, se que hasta tal vez por ahora sea bueno para mis miedos que de vez en cuando sobrevuelan ante determinadas reacciones que aún no entiendo.
Quiero decirte que sos un hombre hermoso en muchos sentidos. Que tengo ganas de amarte, de acompañarte, de cuidarte y de que vos hagas lo mismo conmigo. Deseo crear este nosotros que surge a borbotones en cada encuentro y también en cada desencuentro donde esos extremos que acercamos reivindican inevitables en un tironeo hacia la definición de ese lugar. ¿Alguna ves viste como se doma un caballo salvaje? Algo de eso se me viene a la mente.
Es solo esto y todo esto. Es mucho, muchísimo para mi.
Un regalo, un encuentro.
Darme cuenta que en una mañana otoñal de abril, me cambio la vida

No hay comentarios:

Publicar un comentario